¡Año nuevo, vida nueva!. Muchos de nosotros nos planteamos nuevos retos, esos «nuevos propositos» de los que casi todos hablamos durante la cena de nochebuena o nochevieja con familiares y amigos. No sólamente en ese momento, claro, sino cada mes que comenzamos o incluso cada día:
«El lunes que viene dejo de fumar, adiós al tabaco, esta vez sí».
«Mañana empiezo con la dieta, ahora en serio»
«La semana que viene llamo para pedir cita al psicólogo, esto ya empieza a ser insoportable…»
«En cuanto sea buen momento dejo el trabajo y pongo en marcha mi propio negocio…»
¿Por qué en tantas ocasiones esto se queda sólo en palabras?
¡Por supuesto que somos capaces de llevarlos a cabo! Si nos paramos a pensarlo por un momento, la mayoría de las veces, estos propósitos son fruto de un arranque emocional y fracasamos por no haber reflexionado sobre ellos lo suficiente hasta el punto de dejarlos a la espera de ese momento idóneo.
Lo que aquí te ofrezco no es un método infalible, pero de una forma muy sencilla irás sentando las bases para que esos sueños se conviertan en acciones de una vez por todas y puedas verlos hechos realidad lo antes posible.
¿Qué es lo que ronda tu mente? ¿Qué quieres lograr? ¿Hasta dónde quieres llegar?
Párate un momento, detén la máquina, coge papel y lápiz (o boli, como prefieras) y materializa aquello que quieres lograr escribiéndolo. Te sorprenderá mucho el poder que tiene el sacar de la mente ese sueño y verlo escrito, esbozado, dibujado, plasmado. No lo guardes en un cajón, tenlo siempre a la vista. Pégalo en la nevera. Ponlo en la puerta de tu casa para tenerlo presente cada vez que vayas a poner un pie en la calle.
Tener la visión de nuestros sueños presente, definirlos y recordarlos cada día aumenta nuestra motivación y nos proporciona esa fortaleza mental que ayuda a dar el primer paso para alcanzar nuestras metas.
A veces simplemente no sabemos qué hacer para mejorar o son tantos los inconvenientes que vemos para lograr nuestro sueño que todo se vuelve borroso, no vemos la salida y no sabemos qué decisión tomar. Estos factores son muy influyentes y pueden dar lugar a hacernos desistir y que volvamos a acomodarnos en nuestra zona de confort. Una pista muy importante es hacernos la pregunta: ¿qué estoy evitando? Probablemente las decisiones que tengamos que tomar son aquellas que estamos evitando: Somos libres para elegir.
Trabaja los músculos de tu poder de decisión, solo tú puedes hacerlo. El poder de decisión es la diferencia entre dejarnos llevar por la opinión de los demás o tomar decisiones personales y conscientes. En la mayoría de las ocasiones tendremos personas cerca (amigos, familiares, compañeros) que nos darán su perspectiva, su punto de vista o nos aconsejarán que hagamos o dejemos de hacer. Siempre hay que tener en cuenta que las personas que nos ven desde fuera consideran que algo es mejor para nosotros porque a ellos les funciona; debemos tener en cuenta que no siempre es así: lo que es bueno para unos no tiene por qué ser bueno para otros. Las personas somos únicas y diferentes unas de otras, nadie puede opinar sobre nuestros sentimientos porque no se alberga nuestro interior.
Otro punto de partida es definir nuestra escala de valores ya que los valores son el motor de nuestros actos. Diferenciar lo importante de lo urgente y actuar como queremos actuar y por tanto ser quien queremos ser.
La influencia del pasadoRelaciones familiares y de amistad, la educación y valores que hemos recibido, las experiencias de nuestra vida y el entorno en que nos hemos desarrollado en diferentes etapas de nuestra vida determinan las creencias de una persona. Las creencias son el filtro a través del cual percibimos e interpretamos el mundo, a nosotros mismos y lo que nos rodea.
Existen creencias positivas que alientan nuestro espíritu a conseguir nuestras metas, pero también existen creencias limitantes que aparecen en nuestra mente en forma de frases que nos decimos a nosotros mismos: “Es demasiado difícil”, “no soy capaz”, “me voy a equivocar”… Desaniman nuestro espíritu y limitan nuestras acciones consiguiendo que no lleguemos a lograr nuestros sueños y nos empujaran al pozo del malestar.
Aprender a cuestionar los propios pensamientos y creencias es clave básica para manejar nuestras emociones y andar en el camino de nuestros sueños. Para conseguirlo trabajamos la terapia cognitiva. ¡Si quieres conocer más sobre la terapia cognitiva no dudes en preguntarnos!.
Ganar en fortaleza mental y conseguir ser menos influenciables por el entorno que nos rodea es un trabajo grande, duro y constante. Nuestra cultura es cada vez más visual y nos hace más accesibles a los demás y a que las personas se formen su juicio sobre nosotros mismos:
Controla lo que publicas, cuestiona lo que lees en periódicos, revistas, webs, libros… y regula lo que ves y lo que escuchas: limita las noticias sobre el mundo sin caer en la ignorancia, rodéate de personas alegres y positivas que te ayuden a crecer y aléjate de las personas tóxicas llenas de negatividad, que se quejan constantemente y que no dejan de hablar de la crisis.
“Afrontar para superarnos a nosotros mismos”
Enfrentarme al malestar…, qué fácil es decirlo pero ¿cómo puedo hacerlo?
Cuando cuestionas tus propios pensamientos te conviertes en una persona realista. Una vez haces esto tu actitud se dirige poco a poco hacia el logro de objetivos. Te sientes mejor, incluso piensas de forma más positiva. Las creencias determinan las actitudes que dirigen nuestras acciones. El sueño esta cada vez más cerca, podrá hacerse realidad siempre que decidamos ACTUAR.
Pero cuidado, para ello tienes que medir con una “regla justa”: no exigirte en exceso e ir valorando los pequeños pasos del camino. Esto es fundamental para alcanzar la meta final, alégrate de tu esfuerzo diario y ponte recompensas por cada paso hacia adelante.
Ante aquellas cosas que no se pueden cambiar elige el camino de la aceptación sin resignación. Para ello trabajamos la terapia ACT (pregúntanos sobre la terapia de aceptación y compromiso). Aceptamos también que el sufrimiento es parte de la vida y que no podemos evitarlo constantemente. En ocasiones se sufre para mejorar y avanzar, e incluso personas afirman que el sufrimiento les ha hecho más fuertes.
La regla de oro: No inviertas tiempo y energía en lamentarte y quejarte. Piensa, decide y busca soluciones.