¿Alguna vez has pensado
- ”no se decir NO”
- «no se expresarme»
- «si hablo delante de un grupo voy a hacer el ridículo»
- “prefiero callarme porque si no la lio” ?
¡Pues normal! Como decía mi compañera, la psicóloga Marta Aranda Franco, en el artículo anterior “Tanto tienes, tanto vales”, cada uno de nosotros es único y diferente a las demás, entendemos la realidad y las situaciones que nos plantea la vida a nuestra manera y eso nos lleva en ocasiones a conflictos, unas veces pequeños e insignificantes y otras veces más grandes, complicados y delicados.
Lo que no debemos considerar normal es que cada vez que algo no nos encaje acabemos en una discusión. Todo esto es aplicable en todas las relaciones que manejamos en nuestra vida diaria: conflictos de pareja, conflictos con nuestros hijos, conflictos con los padres, conflictos en el trabajo, con amigos…, a fin de cuentas con cualquier persona con la que nos comuniquemos en nuestro día a día.
Nuestras opiniones o nuestros intereses no coinciden, no reconocemos que hay un problema, o no lo expresamos por miedo al conflicto o por miedo a hacer daño:
«por mi cara debería darse cuenta de que me ha molestado lo que ha dicho»
“si le digo que me molesta se va a enfadar”
Mostramos así una comunicación pasiva que, generalmente, nos causa una gran frustración, poco a poco acumulamos un sentimiento negativo que nos deja una sensación de resentimiento hacia esa persona y, a la vez, una gran sensación de incapacidad:
En otras ocasiones hemos aguantado tanto o tenemos tantas peleas con esa persona que nos expresamos de malas maneras, de forma violenta, permitiendo que la mezcla entre frustración y ansiedad que llevamos acumuladas estallen en forma de ira:
Mostramos de esta forma una comunicación agresiva que genera sensación de perder el control, de que comenzamos a cometer errores y perdemos la capacidad de comunicación racional con las personas que nos rodean. ¡Ojo! Si esto ocurre muy a menudo podemos terminar aislados porque los demás prefieren evitar comunicarse con nosotros.
En ambos casos se habla de un conflicto negativo porque tanto si no se expresa, como si se expresa mal ¡NO SE SOLUCIONA!, genera sentimientos negativos, e influye inevitablemente en nuestro estado de ánimo y autoestima.
Conflictos positivos
Se dan cuando chocamos con alguien, nuestras opiniones no coinciden pero SI reconocemos que hay un problema, expresamos opiniones, sentimientos y duela más o menos llegamos a un acuerdo o a una solución.
En este caso despejamos el conflicto de forma racional, salen a la luz las opiniones, los sentimientos, las emociones al respecto y la mayoría de las veces conseguimos nuestros propósitos.
En otras muchas ocasiones no conseguimos nuestros objetivos o las diferencias son mayores pero, aún en esos casos, habremos conseguido defendernos, reafirmarnos, luchar por nuestros derechos o expresado eso que nos venía martirizando de hace tiempo y poniéndolo en conocimiento de la otra persona.
Asertividad es la capacidad de expresarnos, de decir lo que pensamos, de sentir y opinar sin molestar u ofender a los demás. Ante un conflicto, ser asertivo sería expresar tranquilamente lo que me irrita de la otra persona, con paciencia, empatizando con sus sentimientos, buscando ante todo negociar y encontrar una solución razonable y positiva.
La asertividad también es expresar lo positivo y valioso que vemos y nos gusta de otras personas
Valorar lo positivo, la belleza de las cosas, los esfuerzos de las personas por cambiar y evolucionar nos hace sentir gran bienestar y alimenta nuestra autoestima.
Lo ideal es empezar expresando lo positivo, coméntanos tus resultados, ¡estaremos encantadas de guiarte!